Alex sale de casa como si yo no existiera, parece que formo para de la decoración; Un “Buenos días cielo” ¿Qué tal has dormido hoy? Un “Adiós cariño” “Nos veremos esta noche”...
No forman parte de su saludo matinal.
Y un “Te quiero” o “Que guapa estas hoy” ya ni pensarlo.
Esas frases son las que añoro cada día que pasa. Sé que existen porque salen en muchas películas y creo recordar que cuando me casé con él, me las decía de vez en cuando.
Ahora su norma matutina mientras se ducha se basa en …
-¡Cariño! ¿Ya está el café?
A grito limpio me despierta desde el baño para que me levante…
Y sin importarle que tal has pasado la noche empieza a mandar:
-Hoy tienes que hacer unos recados, que a mí no me da tiempo, si tienes alguna duda llamas a mi secretaria, y que te diga ella…
- Continua hablando mientras mi cabeza le da vueltas a mi vida diciéndome a mí misma: de nuevo un día más.
-Es nueva y se llama Svenhnia – dijo él.
Noté como acelera sus órdenes mientras se va pasando la toalla por su cuerpo basto y peludo pero bonito a la vez. Ya inadvertido para mis ojos después de tanto tiempo. Y pensar que ese cuerpo me volvía loca cuando era joven.
-¿Qué le ha pasado a Mariela? - le preguntó yo.
-La he despedido ya no era competente – me respondió él.
-Sí llevaba más de 10 años contigo – le dije pensando que ya no me asombraba nada, lo había hecho más veces, en cuanto deja de ser atractiva para los ojos de sus hambrientos y babosos clientes ya no le interesa.
-Ya pero… estaba muy mayor…se acomodó y en mi empresa no te puedes dormir, estamos en pleno crecimiento y hay que estar siempre a la vanguardia y… ya no queda bien en el puesto que tenía. La empresa va creciendo y ella ha ido envejeciendo.
Tenía sólo 48 años, seguro que ésta, es más joven y exuberante, pensé yo.
-¿Qué edad tiene la nueva? – Le pregunté haciéndome la tonta.
Sin darle aparentemente ninguna importancia respondió;
-Creo que unos 24 años y es alemana o algo así, no sé. Nena me voy que llego tarde. No me esperes a cenar que tengo cosas que hacer en el despacho.
-Alex, ¿no me das un beso? - Le pregunto mientras bajaba ya las escaleras…
-Ah sí - sube de nuevo los cuatro escalones, para dármelo como si fuera un premio y callarme, un beso en la mejilla.
-Daniela acuérdate del banco sabes que es importante. Te he dejado todo ahí, encima de la cómoda.
Otro día más.
Pasa el tiempo y trato de que pase rápido, pero cada vez que pienso en la vida que llevo, no puedo evitar dejar de aceptar que se me hace eterno.
Siempre lo mismo, no sé cuánto tiempo hace que no hacemos el amor.
No recuerdo cuando me llevó a cenar por última vez él y yo solos, sin tener que ir a algún sitio por compromiso y tratando de aparentar la pareja perfecta y envidiada por todos sus amigos, como venía diciendo después del teatro que montábamos, demostrando lo enamorados que estábamos en cada acto.
No soy feliz, pero tampoco me planteo ningún paso que dar. Es la vida que me toca vivir y con ella seguiré.
Menos mal, que como por el día cuando ya termino los recados, tengo tiempo libre, me lo organizo como quiero y, antes de salir de casa…
Me preparo un baño relajante, dejando fluir el agua al abrir el grifo, con la temperatura perfecta para hacerme olvidar...
Mi música favorita al máximo volumen..
Me lleno la bañera de espuma, me gusta jugar con ella y soplar las burbujas que se hacen en mis manos.
Junto los dedos y los abro uniéndolos por las yemas, soplo y saco pompitas que se explotan al instante…
Este es mi momento...
Me recreo en mi cuerpo, me gusta tocarme, cuidármelo, dedicarle todo el tiempo que necesite. Gozo con mis caricias, ya que Alex no lo disfruta….
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¿?